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Uno de los propósitos que se había planteado desde un comienzo dentro del Proyecto de los esparcidos ha sido el contactar con inmigrantes inicialmente ecuatorianos que habían salido de nuestras iglesias locales y/o sus parientes y conocidos.

Ha sido un trabajo interesante que ha crecido a través de la red de contactos de manera natural.

CONTACTO CON INMIGRANTES

Durante este tiempo hemos tenido reuniones, encuentros y visitas a familias que se encuentran en una situación de crisis debido al problema del desempleo. Es un tiempo de búsqueda de la voluntad de Dios, son tiempos donde las personas están buscando tomar  decisiones.

Nuestro trabajo con ellos ha sido ayudarlos a que puedan buscar a Dios primeramente antes que tomen cualquier decisión.  Oramos por aquellas familias y por muchas que actualmente viven momentos difíciles y están considerando retornar a sus países de origen.

En este punto me gustaría compartir con las iglesias la gran necesidad que tenemos de preparar nuestros brazos para aquellos que retornan, porque muchos retornan quebrantados con un sentimiento de fracaso en muchos casos y con una pregunta en su interior ¿aun hay espacio para mí?

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Creo que parte de nuestro esfuerzo es ahora  con aquellos que están retornando.  Una historia que podemos compartir (Rosa es un seudónimo, pero su historia es real).

El viaje de muchos inició algunos años atrás…

En el Ecuador, se vivieron momentos de crisis social, política y  económica  estuvo marcado por el deterioro de la institucionalidad tanto a nivel público como privado, cierre de los bancos, congelación de los dineros de las cuentas de ahorro, corrupción en las más altas esferas, sistema jurídico que no otorgaba garantías de justicia e igualdad para todos, el cierre de pequeñas y medianas industrias, el desempleo, y la falta de proyectos que permita la re activación económica del país son hechos que han contribuido profundamente al fenómeno migratorio

Según datos del INEC, el Ecuador se empobreció más que cualquier otro país de América latina entre los años 1995 y 2000, el número de pobres creció de 3,9 a los 9,1 millones de personas, es decir pasó del 34 al 71%. En 1990 el 20% más pobre recibía el 4,6% de los ingresos, en el año 2000 se reduce al 2.5%, mientras el 20% más rico pasa a recibir el 61% de la riqueza nacional. Esta iniquidad es sin duda una de las principales causas de la pobreza, pues la capacidad productiva del país podría satisfacer la demanda de bienes y servicios de toda la población, y permitir una distribución adecuada de la riqueza.

En junio de 2004, según estadísticas, había 500.000 ecuatorianos en toda España. Este es el colectivo que más ha crecido en el conjunto de la inmigración.

Pero el problema financiero no fue lo único que motivó el fenómeno de inmigración masiva.

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Mónica, Jonny y Anabel una familia muy querida de la Iglesia de Cullera juntamente con voluntarias de Alemania.

La mujer que quería empezar de nuevo.-

Rosa, es una mujer de 37 años, es sencilla, humilde y trabajadora, como muchas mujeres ecuatorianas, con el apoyo de su familia terminó sus estudios secundarios (bachillerato), pero no pudo continuar con la universidad, ha trabajado en muchas cosas nos comentaba: “he sido recepcionista, vendedora, auxiliar contable”.

A los 19 años se casó con su novio de adolescencia, a los 20 años tuvo su primer hijo y a los 26 años ya eran tres hijos.

“Considero que económicamente estábamos “algo apretados” pero podíamos seguir adelante, sin embargo mi matrimonio no estaba bien, y sentía que me estaba ahogando, que me estaba destruyendo.

Un hogar donde la infidelidad, el alcoholismo y el maltrato era el pan de cada día Rosa consideró que lo mejor sería una breve separación.

Un día le informó a su madre que se iría a España, dejando bajo la responsabilidad de su madre a sus tres hijos.

“Tenía 26 años cuando decidí venir a España, una amiga me animó diciéndome que aquí hay trabajo, no me puedo quejar, aunque debo reconocer que los primeros meses fueron muy duros para mí.”

Rosa trabajó de interna, cuidando una persona mayor, trabajaba de lunes a domingo con un día libre.

“Trabajé en casa de una mujer muy agradable, vivía allí así que no tuve que preocuparme por vivienda o por comida, pero la soledad de tener a mis hijos lejos me dolía”.

Ésta familia con la cual trabajé me ayudó a legalizar mis papeles y por eso les estaré profundamente agradecida!

Me quedé en ese lugar hasta cuando la señora falleció… y eso también fue muy doloroso para mí, porque llegas a querer a alguien de tal manera que te duele su partida.

Después de 10 años de trabajo, Rosa se plantea regresar al Ecuador, las cosas han cambiado, ahora no es fácil encontrar trabajo, además había intentado traer a sus hijos sin mayor éxito, oficialmente es una mujer divorciada.

“Hace dos años que no tengo un trabajo estable, los últimos seis meses vivo del paro y veo que las cosas no van para mejor, no tengo mayores ambiciones, hemos podido construir una casa donde viviré con mis hijos, ahora pienso que mi prioridad son ellos, volver a recuperar el amor de mis hijos”.

Cuando le pregunto a Rosa si fue lo económico su motivación para salir del Ecuador, me dijo rotundamente que no. Fue el sentir que mientras seguía allí su vida no cambiaría.  “en ese momento pensé que si me quedaba, no podía enfrentarme al hombre que me estaba maltratando física, emocional y hasta sexualmente”.

“Ahora considero que regreso con otra mentalidad, ya no me veo como alguien con poco valor sino como alguien que tiene un valor y que debo hacerme valer.”

Rosa es una mujer que decidió salir de su tierra para tener una nueva oportunidad, un nuevo comienzo; sin embargo para otras personas su historia no termina como la de Rosa.

Archivo contactos en San Cugat

Familia ecuatoriana muy valiente y emprendedora