“Más valen dos que uno, Porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno levanta al otro”  Ec. 4: 9-10

Hace 20 años un amigo pastor me compartió algunas anécdotas de su vida ministerial, entre ellas con profundo dolor me expresó que debía prepararme para experimentar lo que él llamó “la soledad del ministerio”.  Es probable que el viviera esa experiencia y que marcaría para siempre su vida ministerial.  Pero esto no debe ser así, la Biblia más bien nos invita a vivir, disfrutar, trabajar como “miembros de un cuerpo”.

Es inevitable en muchas ocasiones experimentar una sensación de soledad, a veces producida por el cansancio, o por la falta de resultados, por nuestra propia naturaleza humana, en fin por diversas circunstancias.

La Biblia nos motiva a vivir y experimentar una vida de trabajo en equipo, una vida ministerial compartida donde podamos vivir la riqueza de la diversidad de dones que ha sido repartido a la diversidad de hijos e hijas de Dios.

Durante estos años siendo parte de los Esparcidos hemos podido vivir, experimentar y crecer en esta maravillosa experiencia del trabajo en equipo.  Por lo cual estoy profundamente agradecido a Dios por esta experiencia y por cada una de las personas con quienes hemos podido trabajar en unidad, amor y armonía.  De manera particular han sido tres los equipos que hemos conformado en este tiempo de nuestro trabajo en España, cada uno con sus particularidades y su riqueza.

Junto a Krister y Lisbeth Gunnarsson.

Krister y Lisbeth son misioneros de la Iglesia del Pacto de Suecia, hoy Iglesia Unida de Suecia, con quienes trabajamos en el proyecto Los Esparcidos, podemos dividir nuestra experiencia de trabajo en grupo en dos etapas:  La primera desde 2008 al 2010 y la segunda desde el 2010 – 2014.

He dividido en dos etapas porque en la primera, Krister y Lisbeth vivían en España, apoyando las iglesias de Benidorm y de manera particular de Altea.  Juntamente con ellos desarrollamos el trabajo de los Esparcidos durante estos años.  Juntos compartimos muchas horas de viajes, visitas, talleres, contactando con personas, escuchando sus necesidades espirituales, orando por la gente y siempre buscando que más podemos hacer.

Ser parte de un equipo no es fácil porque somos personas de diferentes culturas y matices, pero al aprender a respetarnos mutuamente, al centrarnos en la tarea y en el cumplimiento de los objetivos, el aprender a valorarnos mutuamente y reconocer los dones y talentos de cada miembro del equipo, nos llevó a trabajar de una manera saludable.

Andy y Conny Geppert.

Posiblemente una de las cosas que ayudó a desarrollar un equipo de trabajo con Krister y Lisbeth era que ya nos conocíamos, años atrás en Ecuador, pero necesitábamos crear un segundo equipo de trabajo con una pareja de misioneros que habían vivido por más de 20 años en España y que estaban ayudando en Cullera y Sueca.

Conocer y valorar su experiencia de trabajo en España, disfrutar de sus anécdotas y enriquecernos con sus dones y talentos así como aportar las nuestras, nos ha permitido no solamente llegar a formar un equipo de trabajo, sino que nos ha permitido llevar adelante proyectos en bien de la iglesia. Y en lo personal disfrutar de la experiencia de trabajar con amigos dispuestos a aceptarte con tus virtudes y defectos.

La consolidación de equipos de trabajo saludables para el desarrollo del ministerio no nos exime de dificultades y conflictos en los grupos, siempre los hubo y los abra, pero logramos resolverlos, atacando a los problemas y manteniendo nuestra amistad y afecto.

Ser parte de un equipo de trabajo es más que trabajar con personas a tu lado, es experimentar una mayor intimidad en la vida de las personas que te rodean y que nos permite crecer juntos mientras servimos a Dios.

Un tercer grupo, es el Equipo ministerial de la Iglesia Evangélica de Cullera.

 Con quienes hemos iniciado esta experiencia, no llevamos mucho tiempo trabajando como equipo, pero los primeros pasos que hemos dado han sido valiosos para el desarrollo ministerial de nuestras vidas y espero que también para las de ellos.  Doy gracias a Dios por cada uno de ellos y oro que el Señor les permita vivir y disfrutar del trabajo en equipo, en unidad, en armonía, en humildad y en el poder del Espíritu Santo.

Formar un equipo no es fácil, y sostenerlo mucho menos, pero una vez más estoy plenamente convencido que es lo mejor.  Es fantástico llegar a la cima y no encontrarte con la soledad sino con un grupo que han estado contigo a lo largo del recorrido.  Que te han acompañado y te han animado cuando tú no podías.

Ganas y disfrutas más cuando

trabajas con un compañero.

 Te recuperas más rápidamente

del problema cuando trabajas

con un compañero.

 Recibes consuelo cuando

lo necesitas cuando trabajas

con un compañero.

 Eres más fuerte cuando trabajas

con un compañero.

 Es mejor tener una persona trabajando contigo,,

que tres trabajando para ti.

 ANÓNIMO

 

Un equipo en la diversidad